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El Buziraco

Corría el año de 1.825 cuando de pronto, sin explicación alguna, algo malo comenzó a ocurrir en Cali. El ambiente se llenó de un denso olor a azufre, hubo peste de viruela, dengue, tabardillo y lepra, una plaga de langostas comenzó a asolar los cultivos del Valle del Cauca; y lo más misterioso, en las noches de lluvia se aparecía en el cerro la figura gigante de un murciélago, alrededor del cual un conjunto de hombres y mujeres de color negro danzaban en medio de las llamas al son de ritmos africanos. 

Se trataba del demonio conocido como El Buziraco, quien había sido expulsado anteriormente del Cerro de la Popa en Cartagena por un monje exorcista; se dice que con él vinieron todos los herejes y brujas a quienes no había alcanzado a bautizar San Pedro Claver.

Se decidió entonces, pedirle ayuda a Popayán, de donde enviaron a Vicente y a Juan Cuesta, dos misioneros cuyo objetivo era expulsar de la Sultana a El Buziraco. Llegados a Cali, ambos comenzaron a realizar una campaña de exorcismos que convirtió esta tierra en un dantesco cuadro de gemidos, dolores y purgas. Como complemento, los misioneros colocaron sobre el cerro tres cruces de guadua en el año de 1.837, con lo cual la furia de este demonio se aplacó y no se volvió a saber de él en un buen tiempo.

Empero, en el año de 1.876, Santiago de Cali fue víctima de saqueos, incendios y degüellos; cuenta la leyenda que desde el cerro se escuchó una voz ronca que con ira desmedida, maldijo la ciudad. Años después, en 1.925, hubo un temblor sin precedentes en el que se derrumbaron varias iglesias de la ciudad y en el que se desplomaron las tres cruces de guadua, como si se estuviera liberando entre estertores El Buziraco.

Y fue sólo hasta el seis de enero de 1.937 que el Padre Marco Tulio Collazos hizo volver a construir las cruces, esta vez en ferroconcreto para más seguridad. Para la época, los cristianos tomaron por tradición el subir al cerro a hacer peregrinaciones, lo cual enfureció a El Buziraco, quien repartió entre los fieles aguardiente y mujerzuelas. Todo desembocó en un carnaval macabro de orgías, violaciones, saqueos y raponeos, por lo que la Arquidiócesis prohibió la tradición.

Sin embargo, dicen que El Buziraco sigue haciendo de las suyas y que en lugar de haber sido desterrarlo, las tres cruces lo dejaron atrapado aquí. También se dice que él ríe y goza cada vez que suenan los tambores, se prende la parranda y se inician las orgías acá en la urbe, bajo su maligna supervisión.