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La Dama Blanca

En la casa que hoy está en el cruce de la carrera cuarta con calle 12 vivía por el año de 1.789 la familia del Alférez Real. Allí asustan. Se dice que se escuchan pasos apesadumbrados, que se oyen palmas sobre las mesas, se siente un constante abrir y cerrar de puertas y se ve a una dama vestida de blanco con aires majestuosos pasearse por la mansión, de la cual actualmente quedan sólo ruinas y recuerdos. 

De aquella época se rememora una melancólica historia plagada de dolor. Cuando vivían en la casa el Alférez don Manuel de Caycedo, su esposa doña Francisca Cuero y Caycedo y sus hijos, llegó al hogar la pequeña y hermosa Inés de Lara, niña marcada por el destino para soportar sobre sus hombros el peso de la tristeza. Inés de Lara tuvo que ver morir a su madre a los siete años de edad, y a su padre, ocho años después, víctima de una enfermedad que le consumió lentamente la vida. Siendo ella hija de un allegado del Alférez terminó siendo encomendada a éste para que le criara y le tratase como a su propia hija, cosa que así se hizo mientras tuvo vida don Manuel de Caycedo.

Sin embargo creció Inés triste y siempre pálida cual moribunda, posesa por un silencio sepulcral. Muchas veces le propusieron matrimonio pero nunca aceptó. Nunca vivió feliz y en aquella casa se la pasaba asomada al balcón, mirando hacia la inmensidad desconsolada. Se cree que terminó sus días en el convento de las Carmelitas de Popayán. Y que así, triste como vivió, dejó aún siendo joven y bella, este mundo. Dicen que hace muchos años, algunos inescrupulosos, buscando algún tipo de tesoro, encontraron el esqueleto de una mujer abandonado en la mansión ya en ruinas.

Hoy, dicen que ella se aparece en los recodos de la casona y se pasea cabizbaja y silente, vestida de blanco inmaculado; así, se le conoce como la Dama Blanca.