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La Madre de Agua

Dentro de las creencias campesinas se encuentra el tener por norma que todo aquello en que la naturaleza ponía más vida, aquello que por su exhuberancia, hermosura o estilo encerraba misterio; maravillas dadas por la creación a los seres humanos, inmensidades de una cosa que corre con magnifico ímpetu, como formando una extraña fuerza similar a la que dirige el destino de la humanidad; debe haber algún poder o fuerza sobrehumana que juegue un papel de protector. 

Contrario a la concepción que podemos tener acerca de la fealdad y maldad de los personajes mitológicos, ésta es la historia de una niña muy hermosa de cabellos áureos y fulgurantes, casi blancos; sus ojos son grises, claros como dos gotas de agua del más puro manantial. Pero en el fuego de sus ojos hay hipnotismo, una fuerza de atracción que es imposible resistir; el único defecto en s angelical figura es que tiene la característica de tener los piecitos volteados hacia atrás, por lo cual deja los rastros en dirección contraria a la que ella sigue.

Persigue únicamente a los niños, sobre los cuales ejerce una influencia perniciosa. Se puede decir que hay niños que nacen con esa “lisión”, predispuestos a la persecución de la Madre de Agua, y desde bebes son atraídos y molestados por ella. El niño perseguido habla siempre de una niña linda que lo llama, sueña con ella, se despierta asustado y vive predispuesto siempre a ausentarse solo, atraído por algo extraño. Cuando lo llevan a la orilla de las aguas se ve intranquilo, cree ver flores muy bellas flotando en la superficie; se abalanza sobre lo que cree ver dentro del agua e insiste en que tiene que irse, pues una niña lo llama con sus blancas manecitas; le da fiebre y diarrea y la conmoción lo enferma perniciosamente, y muchas veces muere, fuera de otras, que por un ligero descuido se pierde o se ahoga, raptado por la Madre de Agua.

En la cultura popular se afirmaba que para librar a un niño de esa fuerza maléfica hay que rezarlo, llevárselo al cura para que lo bendiga colgarle escapularios, medallas, azabaches o abalorios indígenas del cuello; frotarlo con ajo, *chicote* o yerbas como la ruda y la albahaca. Además es necesario ofrecerlo en presentación a las Animas Benditas y procurar no llevarlo a la orilla de las aguas, por lo menos mientras crece y ya no es perseguido por el espíritu maligno.